LOS ESPÍRITUS: “Así de fuertes somos”

Suave sábado de esos que te hacen desear que se caiga el cielo estrepitosamente. Lo haría, de manera lenta y gradual, pero lo haría. El ocaso llegaba con el sol escondido, solo el resplandor lo hacía notar.

El frescor de este invierno que no se quiere despedir azotaba el cuerpo de quienes hacían su presentación por primer vez en Quality Espacio. Esta vez para cubrir a una de las bandas emergentes del under de Buenos Aires.

Su gira presentando su nuevo material “Agua Ardiente” hacia puerto en “la docta” para hacer vibrar a un centenar de fans y curiosos de ascendente estilo.

Los Espíritus en una nueva apuesta, más jugada que la que presentaron en la primera mitad del año en Krakovia, demostrarían el porqué de su revolución.

El banquete empezaría con una degustación de violenta sonoridad y puesta en escena por parte de la Orquesta Típica Fernandez Fierro, quienes con rigurosa puntualidad en lo pautado envolvieron el lugar de un tango exquisito.

Pasadas las 22 Hs. el sexteto que vio su luz en la paternal, barrio de “El Carpo”, aparecía tras los telones negros que los separaban de los presentes. El juego de guitarras daba el comienzo del viaje propuesto a través de estos “mares que quiebran las rocas”.

Como una tromba que no anuncia su llegada al ritmo del golpe seco de una poderosa batería sonaban Huracanes, La Crecida y El viento.

Gruñidos espaciales que cambian hacia el sur desgarraban sus 4 cuerdas psicodélicas, el perfume primaveral encienden algunos sentidos que esperaban este momento. Desplegados en el escenario invadieron el tiempo y el espacio.

La Mirada se fija, no se pierden un detalle, observan cada nota, cada movimiento, todo es magistral y nada está librado al azar. Es la diferencia que marcan y que se hace fuego en cada una de sus presentaciones, lo que las lleva a ser una de las bandas del momento.

Colgada una criolla en el cuero, percusiones que se hacen parte de la piel, o más bien una extensión, bajos que suenan en lo alto sin un techo al cual llegar repliegan una de sus baladas Perdida en el Fuego de la hoguera.

Mucho por bailar, mucho por sentir, mucho “Jugo” por exprimir ante el parecer de querer encarnizar la musicalización de alguna taquillera de Tarantino.

Trajeados de camisas lunarcicas, floreadas, coloreadas, alineadas con dibujos indefinidos imponen un estilo, experimental por si alguien quisiera encasillarlo. A su modo de ver las cosas prefieren definirlo como un Mapa vacío que dibujarán en su rumbo en los Mares.

El fuego interno que se lleva por estos días abarrotado por la indignación se vio reflejado en la previa de Las Armas las Carga el Diablo, lanzado al aire en palmas el pedido de aparición de quien no debió desaparecer, con la pregunta que jamás se debería hacer, el fondo de “¿Donde está?” hizo carne en el lugar, como anteriormente lo hizo en el Teatro las Flores.

El show comenzaba a teñirse de despedida. La última sección estaría compuesta por un repaso de su primer material “Los Espíritus” en el que se recogen temas de sus antecesores EP.

Jesús Rima con Cruz, El Gato y La Mina de Huesos explotaron en los dedos con sustanciales riffs  y congas endemoniadas. Eran las encargadas de poner el corazón a la altura para recibir la artillería pesada de Los Espíritus.

El juego de luces que fue llevado a cabo de manera perfecta, fue el compañero perfecto para cada uno de los momentos que se propusieron. Esa Luz que iluminaba a quien acompañaba, hacía parecer que la Luna Llena estaba ahí, pese al espesor de las nubes que la teñían, pues su cara brillaba con el sonar de las manos posadas en los parches que marcaban el paso de la balada.

El gruñir y los ojos de Perro Viejo echó a andar el galope de un potro embravecido en las llanuras disfrazado de batería, rompiendo con las cuerdas que lo alimentan , encendiendo el fuego de las caderas de quienes lo reciben mientras el viento dice “el amor puede llegar, si nuestros corazones se encuentran en paz”.

Tras unos momentos fuera para respirar un poco, volvieron con blues de artillería que reflejan la realidad y contando algunos gajes de esta vida cotidiana como Negro Chico y Las Sirenas. Sus últimas puntadas estarían a cargo de Noches de Verano y con la que podría ser una de las que tienen futuro de clásico. Aquella que da cuenta en su letra el sistema en el que giramos.

La Rueda dió fin a una noche que dejó en el aire la sensación de que este trabajo de pulmón no tiene límite, la impronta de autosuperación constante nos marcó con un mensaje claro y conciso, “hacele caso a tu espíritu”.

Nota: Nahuel Navarro
Fotografias: Martin Cornejo

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