LA MONTAÑA VIBRÓ CON UN NUEVO COSQUÍN ROCK

En la edición número 23, el Valle de Punilla tembló, nuevamente, gracias a la vibra de un Cosquín Rock que tuvo absolutamente de todo: miles y miles de personas pudieron disfrutar de la diversidad de géneros y propuestas escénicas durante dos días.

La manija del festival más convocante del país comenzó el viernes. Faltando un día para el inicio, los accesos a Santa María de Punilla ya se encontraban colapsados por la cantidad exorbitante de personas que llegaban ansiosas al Valle desde distintos puntos del país. Sin dudas que Cosquín Rock es el festival multigeneracional de música de mayor envergadura, no sólo por su antigüedad sino también por el prestigio que esto le otorga: la presencia de distintas generaciones hace que el análisis tenga que ver con la inclusión hasta, si se quiere de alguna forma, con un tinte familiar, porque pudimos ver personas de diferentes edades que elegían las propuestas a gusto y piacere. Es por esto que el abanico de opciones del festival tiene que ver con entender los tiempos que corren en cuanto a lo multi-género que hoy nos atraviesa, sin dejar de lado lo tradicional del rocanrol nacional.

La disposición de los escenarios estuvo clara: en primer lugar, el Escenario Norte -tradicionalmente ligado al Rock nuestro- tuvo la presencia de ecuaciones fuertes como Juanse, que invitó a un personaje de lujo, el gran León Gieco, armando un extenso repertorio que materializó al fantasma bueno y vivo de Los Ratones Paranoicos, en conjunto, también, con Mateo Sujatovich (“Ruso” de Conociendo Rusia). Otra de las grandes presencias del Día 1 fue Divididos, con la propuesta que siempre gusta y atrae, y un Ricardo Mollo que interactuó bastante con el público, lo cual nunca fue una excepción. Por otro lado, también se dió el abrazo esperado. Y cuando hablamos de abrazos, lo hacemos en términos del vínculo entre la gente y el queridísimo “Flaco” Skay. La tierra lo espera. La montaña, cada año, lo abraza. Y la devolución de Skay es simple: rock, magia y el renacer eterno de Patricio Rey. Para el Día 2, durante la tarde, el sol ya calentaba las tablas para lo que iba a ser una larga jornada de puro rock: Caras Extrañas, El Plan de la Mariposa, Cruzando El Charco y Los Jóvenes Pordioseros fueron los primeros en subirse, para que luego llegara el turno de Las Pastillas, La Vela y Las Pelotas en el cierre. Lo destacado de la noche fue Ciro y Los Persas, siendo totalmente llamativo y novedoso la intervención de la Filarmónica de Villa María, aconteciendo por primera vez la participación de una orquesta de este tipo en un Cosquín Rock.

En segundo lugar, el Escenario Sur fue una de las bases del trap y del rap tanto nacional e internacional, con Trueno, Dillom, Ca7riel y Paco, Zeballos y Rels B. Lo mágico de este tablado está relacionado al vaivén de este género que produce un impacto inmenso en las músicas actuales, siendo génesis de nuevos públicos convocantes. No es casual que, además, el nombre elegido para que toque en el Escenario Sur haya sido Fito Páez, quien es considerado “padrino” de muchos artistas de la nueva ola que se sienten representados por el rosarino. Fito recorrió sus discos, enfatizando en El amor después del amor, que ya lleva 31 años en el imaginario colectivo.

En tercer lugar, la novedad del Escenario de Montaña estuvo relacionada con la mística de su ubicación, primeras participaciones y vueltas necesarias: lo de Usted Señalemelo fue superlativo. El retorno a CR del trío mendocino fue más que vibrante y emotivo. En 2017 tocaron para 300 personas, esta vez para 10 mil. ¿Crecimiento? Si, claro, lo que marca un puntapié para lo que será un año repleto de recitales a lo largo y ancho de la Argentina y Latinoamérica. A su vez, La Delio Valdez cambió por completo el contexto, pintando de cumbia las sierras cordobesas para que la gente entrara en un viaje tropical que permitiera mover la cintura. Lo mismo sucedió con Bandalos Chinos el domingo, con la buena onda de siempre de “Goyo” Degano que subraya y acentúa al pop alternativo nacional que se consolida cada vez más. Y si hablamos de representaciones, no podemos dejar de mencionar lo de Babasónicos el segundo día, ya sumergidos en la noche, en la izquierda de la noche.

Por último, y no menos importantes, los Escenarios Boomerang y Paraguay resaltaron fuertemente al indie y al rock alternativo que emerge, por un lado, desde el under para sonar cada día más y, a su vez, permite el encuentro con viejos conocidos: 1915, Feli Colina, Emmanuel Horvilleur y Lisandro Aristimuño fueron algunos de los que representaron al primer escenario, mientras que el segundo albergó a las bandas que suelen tocar en el Club y que le dan color al mismo: Mi Amigo Invencible (por primera vez), Rayos Láser, Koino Yokan, Lila Downs (México) y El Mató A Un Policía Motorizado, los capitanes sin cinta de la escena.

La grilla mostró una columna vertebral repleta de sentidos, conformada por nuevos talentos que muestran el futuro de la industria y el arte. Tal es así que el punto de inflexión que viene experimentando este evento marca el tempo generacional de un porvenir que promete ser abarcativo. El arte argentino siempre tuvo mucho para producir en tanto a pasado, presente y futuro, para dar y exportar, y Cosquín Rock funciona como una vitrina en la cual todos quieren exhibirse. No sólo por el prestigio del que hablamos al comienzo de esta crónica, sino, además, por lo que la historia del festival engloba. Este año, según fuentes oficiales a la organización, asistieron cerca de 200 mil espectadores al festival. Este año, también, nos vimos en el pogo.

Crónica realizada por Juan Pablo Rodano, para www.delaviejaescuela.com fotorgrafías Prensa Cosquin Rock.

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