DE LA GRAN PIÑATA: “La historia de la Piñata y su gente”

Son la próxima banda de nuestro rock. Con tres discos bajo el brazo y trece años encima, los muchachos de Berazategui se presentaron por primera vez en Córdoba.

El viernes fue un día perfecto. El sol nos cargó de buenas energías y al caer la noche, esa hermosa noche de verano en pleno otoño, la mejor opción era escuchar rock; y que mejor que hacerlo en nuestro querido abasto. La cita fue en Refugio Guernica, donde se presentó por primera vez De La Gran Piñata con entradas agotadas.

A las 23:00, con extrema puntualidad, salió Darío con los suyos a las tablas del Víctor Bereciartúa, el escenario del local de Tillard 115. Acompañados del coro de la gente, “Piñatero, carajo”, el primero en sonar fue “Blanco Fácil”, corte de “El equilibrio entre los opuestos” (2015) seguido sin pausa ni respiro por “Fé de Ratas”, con palo(s) incluido: “Cualquiera juega al estanciero con mi país”.

Si bien tocaron en Cosquín Rock y compartieron escenario con Kapanga en una gira que los trajo al ex abasto, nunca habían tenido una fecha propia en este suelo. Un Darío emocionado saludo a los presentes, agradeciendo por todo lo que están viviendo como banda, que “es mucho más de todo lo que soñamos” y nos dedicó a todos los cordobeses, luego de anunciar que habían agotado entradas, “De bar en peor” y “Polvo & arañazos”. A esta altura, ni bien empezaba el show, disiparon todas las dudas o incertidumbres sobre por qué es la banda que se viene. Suenan muy fuerte, prolijos, afinados y entre ellos hay una conexión que hace mucho no se ve en una banda de rock de acá. Disfrutan tocando, sonríen todo el tiempo, y esa energía entre ellos hace posible la conexión con el público.

“Vivir más no es cuestión de tiempo, es cuestión de vivir más y hacerse cargo” cantan en “Lunar”, una de sus canciones más bonitas, también perteneciente a “El equilibrio entre los opuestos”. Este es quizá el disco más importante de la banda (lo tocaron casi completo), el que de algún modo fue el puntapié para que hoy estén donde están. Es un trabajo en el cual se nota una madurez y evolución respecto a la composición, con canciones más rockeras que las de sus dos trabajos anteriores. Sin embargo, los primeros discos son como el primer hijo y se le tiene un cariño aparte. Justamente el desarrollo del show fue un popurrí exquisito de canciones de “Miércoles” y “Viaje al centro de uno mismo”, sus trabajos anteriores. Hubo tres momentos que me pusieron los pelos de punta, y me terminaron de convencer de la relación que tienen con el público. “Anguilita” y “Veredas” son esas canciones de fogón, de letra tierna para chamuyar. Bien al palo, “Montaña Rusa” dejó a más de uno sin voz mientras un ángel sin dientes se cagaba de la risa. Pibas subidas a los hombros de algún solidario, pibes que hacían como podían para subirse en la espalda de algún otro y mostrar sus trapos a la banda, el pogo incesante y todas esas almas cantando. Foto para la repisa. En ese momento me sentí en un show de La Renga, no por la banda sino por la gente. La energía que se vive cuando toca la piñata es bastante similar a la que se vive en los banquetes; no cantan, gritan, se desgarran la garganta.

Sonaron también “El postrecito”, “Escalofríos”, bailamos chacarera con “Quizás así” y con “Sonrisa” salvamos al mundo. Cada vez faltaba menos para el final, y la cosa se iba a poner heavy. Pantera nos dijo que “hagamos un poco de pogo pero cuidemos al de al lado”. Claro el mensaje, reventaron todo. “Residuos”, “Tu can”, “Icaro” y “Fiebre” (los últimos tres de “el equilibrio…”) fueron el primer cierre. “Melodía para ver fantasmas” siguió la premisa: hagamos pogo. Digno de un soundtrack de terror, creó una atmósfera tétrica muy bien lograda gracias al punteo de la viola.

Darío agradece nuevamente y nos invita a su show en Santa Fe (donde también se presentarían por primera vez) y anuncia que van a telonear a los Caballeros de la Quema en el Único de La Plata. “La primera vez en un estadio, estamos muy contentos”, y se les notaba.

Fuera de lista, “Los asuntos del miedo” robo alguna que otra lágrima. Emotiva, de letra fuerte y directa nos dejó en claro que aunque duela, hay que sonreír siempre.

Y para el cierre nos contaron una historia, “La historia de la mosca y la araña”. Otra foto para la repisa: banderas, trapos, los amigos abrazados y cantando al unísono: “Que lindas luces, que hermoso brillan, que bien te sale el apagón. Que lindas uñas, che! Te felicito, che! pronto serás un gran león” a capella, sin música, con la banda mirando hacia esa marea de gente que los miraba a ellos. Los felicitamos, che! Pronto serán grandes leones.

Cobertura realizada por Agustín Martinez, fotografías Dayana Olmos para www.delaviejaescuela.com

 

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