ROMPIENDO CABEZAS 3: “El nombre del festival refleja la intención de las bandas que lo conforman de distintas maneras”

MALMAN / HUEVO (por Remigio Gonzalez)

El pasado sábado, Krakovia recibió a cuatro bandas en el marco de la tercera edición del Rompiendo Cabezas, el festival encabezado por Carajo que busca, siempre, romper esquemas. Como dijo Corvata en una entrevista para De la Vieja Escuela, el nombre del festival refleja las intenciones de las bandas que lo conforman de distintas maneras. Por un lado, te rompen la cabeza con un audio demoledor, prolijo y potente. Pero además, te rompen la cabeza, la fragmentan, permiten que disfrutes de variados géneros sobre el mismo escenario y durante varias horas. Asistir a un Rompiendo Cabezas te garantiza escuchar bandas con un alto grado de musicalidad y talento, además de que te permite descubrir nuevos sonidos, por emergentes o por innovadores.

Abrió el festival Malman, el dúo riocuartense con Agus Romanelli en la batería y Andrés “el Cabe” Gutiérrez en el bajo, que destilaron potencia en un setlist breve y contundente. La intensidad con la que Agustín golpea los parches y platillos es inédita, especialmente si se contrasta con su exactitud y atención a los detalles. En su instrumento, reemplaza el tom flotante por un stack de platillos, lo que le permite acentuar algunas notas de forma muy precisa. Ese es un recurso que Agustín utiliza inteligentemente, y se hace especialmente notorio en Campo o Locura. Andrés también tiene lo suyo en el bajo,  que con sólo algunos pedales, logra llenar y completar el sonido de forma más que satisfactoria. El pedal de loop, junto con octaveadores y alguna que otra distorsión ayudan a dejar en claro la prescindibilidad de las guitarras a la hora de hacer rock fuerte y potente. Con los ojos cerrados, Malman parece un trío.

Las visuales acompañaron muy bien al dúo, con una estética desgarrada y distorsionada. Agustín deleitó a todos con un ecléctico solo de batería, que demuestra su dominio del metrónomo y de distintas técnicas percutivas, con pies y con manos. Andrés se movió muy bien por el escenario, achicando los espacios que parecían grandes con solo dos personas en la tarima, además de invitar a todos a saltar con sus pegajosos riffs.
“Aguanten ustedes, gracias por aplaudirnos” exclama Agustín, justo antes de Fiesta, la canción final. Esta terminó siendo la canción más sincopada del conjunto, poniendo de manifiesto el lado funk de los Malman. Los de Río Cuarto, ya a las 22:30hs abrieron una noche fantástica, y que aún tenía mucho rock por delante.
Aún con el escenario caliente subió Huevo, dispuestos a mantener en alto la vara que Malman había alzado. La expectativa de los presentes era mucha, y Huevo cumplió. Abrieron su set con Nos espera, la primera canción de su último disco. Las visuales tenían un estilo ochentoso, lleno de neón y humo.

“Aguante la música en vivo y tocada por seres humanos. Que no nos ganen las computadoras” dijo Baglietto, en tono en parte irónico y en parte preocupado. Siguió Yo le vi, una canción que presenta un gran equilibrio entre groove y feeling con fuerza e intensidad. Las visuales fueron mutando al compás de las canciones, que fueron mostrando gatos, escenas de videojuegos y un huevo rompiéndose. A la orden de Baglietto, todos aplaudieron durante el interludo de Saltar y esquivar, mientras que Tomás Sainz se lució con un increíble solo durante ¿Qué es esa música, abuela?
Empezó después el hit Un día en serrano, donde Baglietto agita: “¡Abrí, abrí, abrí!”, para lanzarse a saltar en el pogo junto al público. Para cerrar, el frontman exclamó: “Viva la música, viva la amistad. Y viva Huevo”

Llegamos de esta forma a la mitad del festival, que ya mostró que cumple con creces su propósito de rompernos la cabeza. Las dos bandas que pasaron tienen tanto en común como tienen diferencias en su estilo, algo que enriquece y mucho al evento. Malman demostró una exactitud y prolijidad casi inhumanas, combinadas con fuerza y explosión. Huevo le agregó groove y energía a la noche, que no se hizo esperar para traer bandas de altísimo calibre. Aún quedan Los Antiguos y Carajo para terminar el trabajo de demolición cerebral. Todavía queda mucho rock.

LOS ANTIGUOS / CARAJO (por Carla Ortiz)

Promediando la noche, antes de las doce, Los Antiguos se apoderaron del escenario para romper cabezas casi de forma literal. Es que hace tiempo lo venimos señalando; es una de las bandas más ruidosas y potentes del rock nacional. Probablemente se asemeje a Carajo en cuestión de sonido, porque esa es la sensación que dejan los shows de Los Antiguos: arrasan con todo tu cuerpo, golpeando cada nervio del mismo.
Acompañando las canciones, las visuales fueron espectaculares a la hora de ilustrar las melodías. Jugando así con imágenes cadavéricas, alienígenas con tintes retro y coloridos, adornaron el escenario que comandaba el Pato Larralde. El Pato que apenas pisa las tablas es venerado por sus seguidores cual papa negro, con su característica voz, la barba larga, su camisa de jean y la botella de vino tinto en la mano. El nuevo gran prócer del metal.

El mensaje de Los Antiguos siempre fue claro. El metal pesado como forma de expresarse y disfrutar, a pesar de la situación política; hacerle frente a los malos momentos, siempre con la frente en alto. “La patria somos nosotros, el pueblo” dijo El Pato en un momento.
Los Antiguos pasó como una aplanadora por Krakovia y así prepararnos para lo que seguía, la frutilla del postre, Carajo.

Probablemente ya no queden adjetivos para describir los shows de este gran power trío argentino que hace 17 años nos hace vibrar como ningún otro. A cualquier consumidor de shows que le preguntes, te va a asegurar que no hay banda que suene tan bien como Carajo. Recital tras recital, podemos confirmarlo. En todos sus matices, como sus canciones lentas, las más pesadas y aquellas de los primeros discos, todas te vuelan la cabeza en vivo. Tres grandes músicos contra el mundo, haciéndole frente con toda su fuerza.
Lo mejor de Carajo en vivo es la energía del público, con los más chicos con toda la manija en el pogo, los fieles seguidores desde el primer disco festejando los temas viejos, el mosh, los coros y todo ese espectáculo aparte que hace la gente.

La gran anécdota de la noche fue un corte de luz en el escenario – difícil imaginar que a una banda como Carajo le suceda esto, sabiendo lo exigente que es con la calidad del sonido- durante el final de la canción “Triste”. Lejos de apagar la fiesta, dejó un gran momento donde la gente continuó cantando – gritando con todas sus fuerzas- las últimas líneas del tema. Apenas 5 minutos duró la obligada pausa, ya que el grupo recuperó la energía y terminó el show con sus grandes clásicos “Sácate La Mierda” y “Joder”, como para finalizar la noche bien arriba.

Pasó así una nueva edición de Rompiendo Cabezas, un festival que esperamos que nos siga trayendo veladas intensas, bandas increíbles y por sobre todo, noches inolvidables.

Crónica realizada por Remigio Gonzalez y Carla Ortiz, fotografías Fede Verra para www.delaviejaescuela.com

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