ARCTIC MONKEYS: “Bienvenidos a la base tranquilidad!!! pasen por favor… el piano esta al final del salón”

Pasaron pocas horas desde que salió al sol el sexto trabajo de “Arctic Monkeys”, y en contraste con las notas y las melodías se puede mostrar una evolución progresiva pero peligrosa de la banda con este nuevo disco. Lo cierto es que 2018 será conocido como el año de la experimentación para bandas consagradas, citando casos como el de “Franz Ferdinand”, “Jack White” (quizás este sea el más experimental de estos tres) y ahora “Arctic Monkeys”.
Pongamos en contexto, hacia cinco años que la banda no sacaba un nuevo material de estudio, cuatro años que no tocaban en vivo (siendo el show de Córdoba uno de los últimos de su gira anterior) y ante la expectativa de la crítica, y los deseos de los insaciables fanáticos, largaron “Tranquility Base Hotel & Casino”. Un disco que a primera sensación no es un trabajo comercial. No es un laburo para conseguir más fanáticos o llegar a lo alto de las listas.

Es un álbum conceptual y experimental , un holograma de una banda tocando en el salón del “Sheraton Hotel”, donde sus espectadores verán como actor principal las teclas de un piano que reemplaza de manera arriesgada, a las guitarras distorsionadas y llenas de “delay” que caracterizan el sonido clásico de los últimos tres álbumes de la banda.
De lado quedo el sonido cuasi stoner influenciado por “Queens of The Stone Age” para pasar a una versión tal vez más sombría de “Amy Winehouse”, donde se intenta emular por momentos al jazz con un estilo lounge. Con canciones que pasan lo más alejados de una revalidación rockera.

“Tranquility Base…” es un llamado al desnudo de su cantante “Alex Turner”, quien abandonó las preguntas de las canciones de su anterior disco “AM” (Do I Wanna Know? RU Mine? etc…) y se sentó en un piano a buscarse a sí mismo, bajo una influencia fuerte de su proyecto alternativo “The Last Shadow Puppets”.
Por momentos las melodías parecen jugar con hilos de una película de “Tim Burton”, oscura y lumínica.
Podríamos decir que este disco es un clásico ejemplo de “borrón y cuenta nueva”.

Es un disco con la misión de ganarse un lugar en la crítica y los fanáticos. De demostrar que  hay vida después de un trabajo como “AM”. Pero este va a ser un álbum para nada comercial, no es un trabajo para seducir a un pez gordo de discográfica con singles, es un material bisagra de un joven que quiere dejar las guitarras de lado, para tocar el piano un rato.

Editorial realizada por Andy Brollo para www.delaviejaescuela.com

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