CIRO Y LOS PERSAS: “La espera que valió la pena”

Después de más de un mes de espera por una reprogramación inesperada, todos los fanáticos del rock nacional asistieron a la Plaza de la Música que recibía a nada menos que Ciro Martínez y sus persas, en un show que prometía recompensar a la paciencia colectiva de las casi 5000 personas que llenaron el lugar.

Exactamente a las 22:10 bajaron las luces, y comenzó la proyección de visuales con motivos de los rostros de los integrantes de la banda y, sólo unos minutos después, empezaría a sonar Cruel, de Los Piojos, canción que Ciro interpretó con mucha energía. Seguidamente, sonó Barón Rojo, cuyo ascendente riff fue muy coreado. Simultáneamente a este enérgico inicio, se desplegaron banderas, no sólo de Ciro y de Los Piojos, sino también estandartes representativos de los lugares desde donde llegaron muchos fanáticos. Con la armónica preparada, sonó Banda de Garaje, canción en la que Ciro aprovechó para saludar a todo Córdoba. Más adelante, volveríamos a recordar a la época de Los Piojos con Civilización, canción que fue acompañada con coros y palmas de principio a fin. También sería muy coreada la segunda parte del estribillo en Me gusta, generándose un contrapunto entre el “Vos para mí” de Ciro, con el “Yo para vos” del público. De nuevo con mucha fuerza, Ciro interpreta Similar con un bombín en el cabeza, idéntico al presente en el videoclip homónimo que era proyectado a la vez.

A continuación, y ya cerca de las 23 horas, el tono del show pasaría de festivo y eléctrico a melancólico y solemne cuando, justo antes de dar comienzo a Héroes de Malvinas, Ciro decidió dedicarlo, también, a los 44 patriotas que abordaban el ARA San Juan. No son muchas las oportunidades en que artistas del calibre de Ciro Martínez pueden expresar estas ideas en vivo con letras que encajan tan a la perfección: “Duele más la indiferencia de tu gente, que la bala más voraz del enemigo”. Con un matiz muy similar, sonó Todo pasa que, si bien fue muy cantado el estribillo, se mantuvo el respeto y la atención que merecía el homenaje anterior.

Un gran pogo se desató después del largo build-up de Luz, desde el proscenio hasta la mesa de sonido. Toaster (un adelanto del disco próximo Naranja Persa 2) y Caminando se sucedieron, casi desapercibidos, y que anticiparon el que sería uno de los movimientos de masas de arriba hacia abajo más grande de la noche. Como Alí quedaron varios cerca del escenario, que fue testigo de varios miles de fanáticos que saltaban como si fueran uno. Sin ni siquiera un minuto de descanso, sonó Antes y después, que mantuvo la inercia de los cuerpos, y que no permitieron que se escuche la voz de Ciro en ningún estribillo. Siguieron Juira!, Tal vez y Los mocosos, aun recordando las raíces rockeras del frontman. A solo veinte minutos de la medianoche, Ciro anunciaría, falsamente, que se viene el último tema, lo que daría lugar a un divertido intercambio del SI de Ciro, con el NO de los presentes. Después de Servidor, subió al escenario Flor Lucena, cantante de Future Ted, que acompaño a los persas en Mirenla, una de las canciones más cantadas de la noche. La interpretación también dejó lugar para solos de guitarra, trombón, trompeta y saxo. Después sonó Taxi Boy, de Los Piojos, que dejó espacio para los solos de teclado y batería.

En un breve homenaje a Carlos Gardel, Ciro cantó las dos primeras estrofas del famoso tango Malevaje, que fue la antesala para Atún, que contó con una curiosa introducción, refiriéndose a todos aquellos amigos que son incondicionales, hasta que el noviazgo les roba la lealtad. Sonó Luz de marfil, seguido de Ciudad animal donde, además de hacer explotar al público en un pogo frenético, puso de manifiesto un punto fuertísimo de la performance: las visuales. La perfecta sincronía entre el apartado visual y sonoro durante absolutamente toda la noche es delator de un profesionalismo excepcional, y de un equipo técnico y humano de la más alta categoría. No hubo, durante las casi tres horas y media de show, ningún desliz.

Una segunda falsa alarma de último tema hace que toda la ex Vieja Usina clame por Ciro a los gritos. Casi sorpresivamente y desde la oscuridad, empezó la introducción en el bajo de Tan solo que, como si de una plegaria se tratase, hizo que todos los piojosos levanten las manos y canten la pegadiza letra. Retomando la energía inicial sonó Astros, y su complejo estribillo, reminiscente a un trabalenguas, resonó hasta en el altísimo techo del galpón.

Ciro mentiría por tercera vez, vaticinando el final del show. El contrapunto del SI y el NO apareció de nuevo, pero esta vez sirvió de introducción a un momento instrumental, que fue aprovechado para presentar a todos los persas. Todos decorados con pelucas, e interpretando un medley muy festivo y carnavalesco, elevaron el vigor y el empuje necesario para lo que vendría a continuación. Empezó a sonar El farolito, que se llevó el galardón al pogo más grande de la velada. La microscópica pausa anterior al “dame un poquito” hizo que estallen aún más los saltos, presentes hasta donde el ojo alcanzaba a ver. Empezaría aquí la ronda de cortos solos, para presentar a todos los músicos que faltaban. Es de destacar el solo de bajo de Cezar “Broder” Bastos, que fue sin dudas el más aplaudido.

Ya cerca del final, y esta vez en serio, sonó Genius, como último recuerdo de Los Piojos durante la noche. Siguió Noche de hoy, que puso a todos a bailar al ritmo del blues generado por la precisa armónica de Ciro. El espectáculo cerraría formalmente con un breve cover de Memphis la Blusera: Moscato, pizza y fainá. “Muchas gracias por esta fiesta, nos vemos en Cosquín” fueron las palabras de Ciro que sentenciaron el final, a lo que agregó que “va a estar saliendo” Naranja Persa 2, sin precisar más datos. Así se fueron todos los músicos al backstage, y muchos fanáticos empezaron a descomprimir el salón. Sin embargo, y casi a modo de escena post-créditos, Ciro Martínez salió una vez más al escenario, para interpretar el prólogo instrumental del Himno Nacional Argentino, no sin antes declarar: “Por los 44”.

Ese emotivo final fue el perfecto cierre para un igualmente perfecto espectáculo. Casi maratónico, Ciro y los persas entretuvieron a un animado público cordobés durante casi tres horas y media. La icónica voz del rock nacional le dio perfectos motivos a sus expectantes fanáticos para aguantar la espera de un show que se pospuso más de un mes. Y la espera sí que valió la pena.

Crónica Remigio González, fotografía Dayana Olmos

Compartir este artículo