Patricio Rey: “La última mística del Rock Nacional”

Las comunicaciones colaboraron a eliminar el misterio

Muchas veces consideré ser un nostálgico, un amante de los recuerdos, sin embargo plantear la discusión de si “todo pasado fue mejor” representaría un tema inagotable, por ello entrar en ese terreno no es el objetivo del siguiente planteo acerca de las nuevas formas de contacto con las bandas de nuestro querido rock nacional. Hace tiempo que evaluamos el impacto que la era de las comunicaciones tiene sobre distintas esferas en las que interactuamos, y en el plano musical además de encontrarnos con una cantidad impensada de canciones y trabajos al alcance de algunos clicks también se suscitó un fenómeno de acercamiento entre artistas y público en general, mayormente gracias a las explotadísimas redes sociales.
Hoy ya es común poder apreciar una cantidad importante de artistas que dialogan con sus seguidores vía internet y no sólo a través de los encargados de prensa, sino que proliferan los casos en que los mismos cantantes, instrumentistas y auxiliares de los músicos tienen trato directo por respuesta a mensajes privados y publicaciones. Algunos bromean (o no tanto) que si no fueran una banda poco famosa delegarían esa actividad en un Community Manager. Esto para muchos es gratificante, humaniza la figura del ídolo y de alguna manera es uno de los milagros de la comunicación virtual. ¿Quién no quisiera imaginar cómo sería intercambiar tuits con un histórico artista de los 60’ o 70’?

Las comparaciones ¿Son odiosas o fructíferas en algunos casos?

Pero del párrafo anterior es donde me detengo para identificar si acaso no será esa la causa de algo que personalmente vengo sufriendo hace un tiempo: no existe alguna banda en particular que me genere una intriga irrefrenable por ahondar en su obra. Es completamente válido que se me reproche con el argumento de que es una estupidez pedirle a la música que genere intriga, sino que sólo debe disfrutarse y sentir el placer de escucharla (algo así como lo que dicen de Messi cuando se lo compara con Maradona). Pero debo decir que algo cautivante de algunas bandas del pasado era aquel misterio que las envolvía. Una banda además de su música, tiene una especie de halo, un marco que las caracteriza e influye para conocerla o estar cerca de entenderla. El punk o el heavy tienen un contexto y una serie de presupuestos para entenderlos, Charly García y Spinetta una locura en sus personas que las vuelven apasionantes. Y además de todo eso, su comunicación o la forma en que se dieron a conocer  en un determinado momento era especial y algo encriptada.

Ocultismo y mensaje directo.

Los artistas pueden ser poco mediáticos o muy expuestos, verborrágicos o de pocas palabras, de contacto con la gente o más cercanos a estar en una altura inalcanzable. Todas esas características y más son las que de alguna manera influyen en el producto final y su obra en general. En una recordada opinión de Luca Prodan hacia Spinetta, la inmortal figura de Sumo dijo que le parecía muy rebuscado y que mezclaba muchísimos acordes para no decir nada. Sin embargo son esas cuestiones las que pueden llegar a generar ese plus, que sin menospreciar a los amantes de letras y mensajes directos, genere el efecto de verse cautivado por esa maraña. Por supuesto que hay líos que son más interesantes que otros y eso dependerá del oyente, pero a veces me da a pensar que nos convencieron de lo valioso de lo simple en desprecio de lo complejo. No digo que sea mejor una cosa o la otra, pero sí destaco que las dimensiones que pueden generar son distintas.

Tomando partido

No todo es un divague, y en este punto quisiera aclarar mi postura. Creo que de un tiempo a esta parte no existen más misterios por resolver, ni claves para cifrar. De alguna manera ya no nos quedaron fenómenos que generen más expectativas con su silencio que con palabras, incluso el lenguaje de las canciones es cada vez más claro, cuesta encontrar la excitación que incita la oscuridad. Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota ofreció esos elementos criticados y fue quizás, el último gran fenómeno de nuestro rock que generó el movimiento de masas por el ocultismo, un mensaje cifrado de doble o triple sentido, un alma matter muy particular y protagonistas que nunca pudieron ser analizados. Son los creadores de un legado tan valioso como el de tantos artistas, pero siempre destacaran la forma en que se condujeron, su casi nula relación con la prensa que a mi criterio fue fundamental para alimentar al monstruo que magnificaba la gente. Creo que eso es lo que diferencia a las bandas míticas de lo que sucede en la actualidad con un contacto tan habitual que normaliza cualquier consideración que uno pueda tener de un artista. Una persona puede tomarle cariño a una banda por conocer a sus protagonistas e incluso trabar una relación cercana, de hecho me ha pasado de bancar bandas fundamentalmente por conocer a sus músicos y tenerles cierto afecto. Sin embargo deseo recalcar esta opinión de que la admiración en los términos de apasionar a un fan, puede estar más cerca de la distancia que del contacto, porque el humano suele idealizar y valorar más lo que no se tiene o no se puede alcanzar, aquello que genera incertidumbre más que lo ya conocido. A título personal, y para redondear, considero que la última banda en nuestro país que generó a través de su mística tan particular, un fenómeno masivo que tomó forma de leyenda del rock, fue Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, o por lo menos así lo veo yo.

Artículo escrito por Fabían Toledo para www.delaviejaescuela.com

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