EL BORDO: “El Regreso del Bordolino”

Dia primaveral en la docta entremedio de tantos escalofríos, era momento de despojarse de

tantos abrigos para que el calorcito penetrara en la piel. La noche sería otra historia. Vientos

del sur traían consigo cambios en los planes de algunos. Quedarse en casa no sería una

mala opción. Otros, al contrario, envalentonados, acostumbrados a los pies rápidos para

entrar en calor, se acercaron al Abasto para ponerle color a sus emociones.

Dos años pasaron desde la su última visita a la ciudad, tiempo en que todavía no estaba en

los planes su nuevo material. El sábado cortarían con esa tan ansiada espera. Krakovia nos

daría “El Refugio” para que El Bordo nos deleitara con sus riffs extraordinarios y vientos

huracanados.

La media noche se hacía presente y con ella Los Perdidos que no le pierden pisada a la

banda. 15 minutos antes de la primera hora del domingo, una intro con alardes de

armagedón sacudió las cabezas de unos cuantos. Los bordolinos abrían su presentación

con El Destino y La Libertad, temas de su nuevo disco, desatando la locura y el fiestón.

El Grito y Jazz Barrial, dos clasicasos, harían lo propio marcando a fuego cada una de las

sensaciones que nacían dentro de los corazones. “Sin riesgo no habrá dolor, si duele, habrá

pasión” rezaban Ale y sus secuaces al momento que se desplegaba una bandera grabada a

sangre su color, flameaba al sound de los vientos que emitía esa armónica estelar, Tesoro

de los inocentes que caen rendidos a sus pies.

Dejar caer el sol en esta Noche Extraña fué el plan desde el primer momento, solo nosotros

sabíamos lo que sucedía ahí dentro, “disfrutemos estos momentos, disfrutemos de los

recitales, olvidemos de lo que sucede allá afuera, al menos por ahora” fué la consigna,

respetada al pié de la letra de principio a fin.

Vestidos con El traje más acorde para la ocasión, los fanáticos hicieron suyas cada una de

las canciones. Cansados de Ser aquello que otros pretenden, decidieron seguir su Instinto

para darle La Patada más certera a la suerte y cambiar así el rumbo de sus vidas.

Momentos en el que poco importan las situaciones, el entrar a un pogo, es como entrar en

un agujero de gusano que no entiende de tiempos ni espacios, “paraísos de cartón pintado,

batallar cualquiera sea el escenario”

El desarrollo llegaba a su momento más emotivo, muchas palabras de agradecimiento para

con su público, pero en especial, para aquellos con quienes comparten y compartieron un

escenario. El primero de ellos bajo el dicho “estar acá y tocar esta canción se hace

imposible no dedicársela a un amigo que está privado de su libertad, y además que es su

cumple años, al Pato Fontanet” dando pie a los acordes que pertenecen a Los Perdidos,

canción que se ha convertido en emblema de la banda.

Tras un paso fugaz por otras melodías históricas de esta banda que está entrando a los 20

años de trayectoria, llegaba el momento de otra dedicatoria. Esta vez para uno de los

personajes que sirvió de nexo para que llegaran por primera vez a la ciudad. Para Korneta

un momento mágico, Ale armado de su guitarra y a su derecha la armónica de Leandro

Kohon

pintaron el momento con tonos cálidos para bajar un poco las revoluciones de los

presentes.

Así también guitarra y canción servía para empezar a despedir la noche. ¿A dónde vas?,

Humano y Guerreros Del Viento parecían ser los últimos.

Pero un desaforado “che perdón soy un manija pero, ¿Puedo hacer un tema más?” hizo

estallar en unísono a todos en una afirmativa exclamación. En la Vereda gastó las últimas

energías que quedaban en los cuerpos. Y como si fuera poco El Regreso terminó de

desgarrar las últimas gargantas que quedaban sanas al grito de “Me quedan los sueños que

nunca soñé, me queda ese beso que nunca daré”.

El fin llegaba, Ale se tiraba a la marea saltando desde el escenario, se entregaba como ofrenda

a la bestia para que el rock de El Bordo no termine jamás. Arrodillado, se despidió con una

sonrisa en el rostro, junto con sus compañeros se llevaron la satisfacción de que aquí se los

extrañó.

En el final dejó un mensaje “Ya saben el 17 en el Luna Park, y si nos invitan, nos veremos en el

Cosquín!”

 

Cobertura realizada por Nahuel Navarro, fotografías Elizabet Kenny para www.delaviejaescuela.com

 

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