EDITORIAL: “El hombre con la voz casi sobrehumana”

Seattle es conocida por ser la cuna del grunge, cuna de la revolución de rock alternativo y pibitos que se vestían con camisas y jeans desgastados. Surgido a fines de los 80, se consolido no solo musicalmente sino también de una manera socio cultural durante la década de los 90, acompañado por corrientes artísticas, literarias, ideológicas y hasta políticas. La postura que toma este movimiento es totalmente anti comercial y contracultural, no se interesa en nada por la figura sino que impulsa el abrir la cabeza, el pensar y el debate critico; una especie de protesta o repudio al pop meloso, al hairspray y a la artificialidad plástica que profesaba la década anterior.
Como todo movimiento, tiene sus referentes. Y es ahora donde me permito ser selectivo y elegir, desde mi punto de vista, la trilogía que hace posible al grunge: Nirvana, Pearl Jam y Soundgarden. Hay muchos otros nombres, piezas fundamentales. Como olvidar a Andy Wood y a los Mother Love Bone, Layne Staley con Alice in Chains o Scott Weiland (nombrado por muchos como una de las mejores voces del genero, a pesar de no ser de Seattle) y sus Stone Temple Pilots. El punto es que o se fueron demasiado rápido, o esa vorágine que los consumió les impidió pisar mas fuerte (Caso aparte el de Cobain, que piso fuerte y mucho, pero de una manera fugaz, casi instantánea).
Volviendo a mi planteo, Soundgarden es parte de esa trilogía que dio vida al grunge, pero quien dio vida a Soundgarden fue Chris Cornell. Liderando la banda formada  en 1984 edito seis  discos de estudio, entre ellos “Badmotorfinger” (1991) y “Superunknown” (1994), discos insignia del grunge. Más oscuros, supieron como encajar con un sonido más crudo y pesado. En 1991, se unió con Matt Cameron a Stone Gossard, Jeff Aments y Mike McCready en Temple of the Dog, el supergrupo que homenajeo con un disco homónimo a Andrew Wood, una de las primeras luces dentro del grunge que se vieron extinguidas por la heroína.

Diez años después, con la separación de Soundgarden, se unió a la tropa instrumental de Rage Against the Machine y junto a Tom Morello encabezo ese gran proyecto que fue Audioslave. Hard rock, alternativo, progresivo, rap, heavy o grunge, esa mezcla de estilos reafirmo a Chris como el frontman que siempre fue. Audioslave también mostro una faceta de Cornell más crítica y comprometida con la vida social. No por nada fueron la primera banda estadounidense en dar un show masivo y al aire libre en Cuba.
Práctico y pragmático como fue siempre, su carrera  solista nos regalo cuatro discos que pasean por un abanico de sonoridades como solo él podía ofrecernos. Desde una versión acústica del clásico de Michael Jackson, “Billie Jean”; hasta la banda sonora de “007: Casino Royale” con “You know my name”. Además grabo un disco de pop/electrónico producido por Timbaland y Justin Timberblake. “Scream” (2009) fue golpeado por la prensa y los fans mas acérrimos,  pero demostró, sin dudas, la versatilidad de un artista que no se encierra en un solo estilo y gusta de experimentar con nuevos sonidos, nuevos horizontes.
Tuvo sus adicciones y sus depresiones, pero supo refugiarse en la música. Después de tocar fondo (otra vez) reunió a Soundgarden en 2010, salió de gira y edito un nuevo disco de estudio (King Animal, del 2012). Estaba de vuelta y mejor que nunca. En 2015 vio la luz su última producción solista, Higher Truth (que lo trajo a nuestro país en Noviembre del año pasado) y a principios de este año, y durante un acto de protesta contra la elección de Donald trump, volvió a cantar algunos temas de Audioslave junto a Tom Morello y compañía, dejándonos expectantes por una gira, por nuevo material…

Hasta que también vimos extinguida esa luz. Pasado un tiempo desde que Chris dejo este mundo, sigue costando entender cuáles de sus demonios lo llevaron a tomar esa decisión, la de quitarse la vida. Lejos del amarillismo de la mayoría de los medios, que tratan a la vida y la muerte con tanto morbo que roza el límite del absurdo, desde Vieja Escuela queremos hacer este humilde homenaje, este pequeño recorrido por la carrera de la voz de una generación; esa misma voz que junto a la de Eddie Vedder se encargaba de mantener vivo ese sentimiento surgido alla a principios de los 90. Cornell ahora es canción.

Por Agustín Martinez

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