BABASONICOS: “Noches calientes si las hay”

Hablar de Babasónicos es hablar de adolescencia caliente. No me malinterpreten, no va por el lado donde su cabeza los está dirigiendo (o quizás sí). Me refiero a que los primeros recuerdos de esta particular banda surgen en mis 16, 17 años, en el que el tema Los calientes era un mal necesario. Mal, porque aunque quisieras evitarla sonaba en todos lados. Necesario, porque era imposible que no te gustara.

Con estas melodías en la memoria me predispuse a disfrutar del show que Babasónicos dio en la Plaza de la Música, un acústico que rompió esquemas, pateó tableros, destruyó todo tipo de paradigma musical y personal.

Y CON USTEDES…

Juan Ingaramo fue el valiente que tuvo que ponerle las primeras pizcas de sal a la noche. El público estaba con un entusiasmo importante, expectantes a un espectáculo que prometía ser diferente a lo que estaban acostumbrados.
Por un repaso por sus mejores temas, sorprendió con una estética en sus letras poco conocida. El ritmo de la noche fue tomando otro color, y mientras la gente iba llenando los espacios de la Plaza, Ingaramo se encargaba de cautivar. Tanto fue así que en su última canción, Matemática, lo acompañó sorpresivamente Adrián Dárgelos, anticipando las elevadas temperaturas que se esperarían en el lugar.

ELLOS SABEN CAUTIVAR

Y después de quince minutos de gritos femeninos, se encendieron las luces del escenario y todos supimos que ya no había vuelta atrás: todo iba a ser un ritual muy pasional. El acústico de Babasónicos comenzaba con El colmo, Irresponsables y El pupilo, marcando el paso de la desesperación de la platea, en una Plaza de la Música totalmente repleta.
Con Su ciervo, Vampi y Putita la banda había anunciado lo caliente que iba a ser la noche. Afuera predominaban los 7 grados, adentro la platea se encargaba de subir la temperatura entre gritos, promesas de amor y piernas desnudas pero con intenciones concretas.

TIRAR UN FÓSFORO A UN INCENDIO

No importaba si te gustaba Babasónicos o si habías ido a acompañar a alguien, todos entramos en el mismo trance: cantar, saltar, bailar. La velada se trataba del arte de la seducción. Había gente de todas las edades, pero parecía que mientras sonaban las canciones volvíamos a tener quince años, generando una excitación propia de esa etapa de la vida.
Nadie estaba exento de caer en las garras de Puesto, Los calientes, Rubí y Yegua. La adrenalina ya estaba instalada entre chicas y chicos, y poco a poco se fueron generando pequeñas situaciones de coqueteos, sonrisas picaronas, y susurros en oídos ajenos. Todo de la mano de la energía que irradiaba Babasónicos.
De hecho, en un momento Adrián Dárgelos se subió a uno de los balcones de la Plaza, y quienes estábamos parados a los costados del predio nos enteramos de esto porque un grupo de señoritas salieron despavoridas, como si el deseo irreprimible las pudiera elevar por los aires, justo al ladito del cantante. Increíble pero cierto.

SABER CONQUISTAR

Los muchachos saben cómo provocar desde sus canciones hasta su pisada escénica. Está de más reconocer que la tienen clara, porque hace años que hacen esto: cautivar. Pero el show del viernes 2 de septiembre me dejó en claro que no se trata de tararear sus temas, sino de vivirlos, al punto de experimentar sensaciones que te llevan al viejo ritual de seducción, casi sin querer. Son hormonales, son sexuales, son lo que se necesita en una noche caliente. Simplemente son Babasónicos.

Cronica por Florencia Lanter y Fotografías por Natalia Cybuch.

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