IKV: "¿Eso fue un temblor?"

Lo maravilloso que tiene la música es que te da la posibilidad de retroceder a momentos de tu vida que pasaron, quizás hace muchos años, pero que fueron instantes que se quedaron grabados en la memoria. El regreso a esas etapas de mi adolescencia fue el resultado directo del temblor de casi dos horas que se vivió en la Plaza de la Música: Illya Kuryaki and the Valderramas volvía para dejar sus huellas en los cordobeses.

CALENTANDO MOTORES

Quienes tuvieron el honor y la responsabilidad de abrir paso al show fueron los chicos De la Rivera, quienes con mucho estilo lograron cautivar al público que, poco a poco, comenzaba a dispersarse por el lugar.
Vamos a ser honestos: al principio la gente estaba distraída, concentrada en comprar su vaso de cerveza y de lograr ubicarse lo más cerca posible del escenario. Estas variables daban la sensación de que sólo algunos estaban dispuestos a prestar atención a los muchachos.
Y es ahí, frente a estas adversidades, donde se nota quienes se suben a las tablas a disfrutar de lo que hacen, porque frente a una situación así, lejos de desanimarse, el grupo musical puso quinta y eso se notó
Luego del repaso de sus últimos temas, la banda conquistó inclusive a los que no tenían idea de quienes eran. Y de repente, todos, absolutamente todos, los despidieron coreando el estribillo de Flash, dejando claro que De la Rivera se sabe defender ante cualquier tipo de audiencia.

Y CUANDO SE ABRE EL TELÓN

Luego de un break de unos veinte minutos, empezaron a verse siluetas corriendo de acá para allá en el medio de la oscuridad de un escenario que recibiría a los protagonistas de la noche: IKV. Y no hizo falta que aplaudiéramos cual padres buscando a sus hijos en las playas de Mar del Plata, porque inmediatamente aparecieron Dante y Emmanuel, acompañados de su banda, integrada por una diversidad cultural y musical que los convierte en una joyita.
Desde las luces hasta el vestuario de cada uno de ellos (en especial esos pantalones de cuero que tan maravillosamente vestía Emmanuel) construían una imagen idílica, cuidada en cada detalle, no dejando y dejando al mismo tiempo todo en manos del destino. Porque los chicos de IKV saben cómo cautivar al público desde lo más simple, pareciendo pura espontaneidad cada movimiento que hacen, y concentrándose en cumplir con lo pactado, como es dar un buen espectáculo. De esta manera supieron jugar con el azar dividiendo el recital en dos partes casi perfectas.

A MOVER TODO LO QUE SE PUEDA

El primer acorde anunció Aleluya, que como lo dice el significado etimológico de la palabra, alabado sea el Señor, en este caso, los señores IKV. La fuerza con la que comenzaron nos demostraba que era una noche no apta para tacos altos, ya que bailar era lo único que debíamos hacer.
Siguió Gallo Negro, canción con la que nos mostraron los dientes y las caderas, literalmente. La fusión del rock con la cumbia tienen ese no sé qué que te hace perder el miedo a bailar sola, sólo querés moverte copiando los pasos de quienes cantan. Así que gracias Emmanuel y Dante por reconciliarme con la soledad obligatoria en el medio de su show. Latin geisha fue la mezcla exacta entre danza y seducción: era evidente que todas, o la gran mayoría de las mujeres que estábamos ahí, queríamos ser las geishas de Spinetta y Horvilleur.
Hombre libre excitó al público, quienes batían las palmas de un lado a otro, mientras el dúo dinámico de IKV se sacudía en formas exóticas que, claramente, sólo a ellos les queda bien. Y ni bien terminó este tema, Dante nos pidió que nos imaginemos una estrella fugaz en un cielo azul, lo que dio paso al grito eufórico de todos: “¡Estrella fugaz! ¡Estrella fugaz!”, título de la canción número 7 de su último disco, La humanidad o nosotros.
Jaguar House, Ula ula y Jugo fueron el trío rítmico necesario para calentar motores, o mejor dicho, sobrecalentarlos, en una noche donde hacía menos de 2 grados. Merecíamos sentir fuego y eso era lo que se respiraba.

NOS CALMEMOS UN POCO

“¿Cómo la están pasando ‘mothers fuckers’?” nos preguntaba Dante a la mitad del recital. ¿Y qué íbamos a responder más que lo obvio? Todos estábamos enardecidos, incluso aquellos que en su vida movieron un dedo, y expectantes de lo que se venía. Y entonces llegó el momento de bajar los decibeles sin perder el entusiasmo.
Águila amarilla, este homenaje de un hijo a su padre, hizo calmar el maremoto musical manteniendo una energía increíble que se contagiaba en cada rincón de la Plaza. En el medio, un solo de guitarra de Dante hizo poner piel de gallina a más de uno. Evidentemente el fruto no cae lejos del árbol, y Dante Spinetta es una muestra obvia de ese dicho.
Con El árbol bajo el agua nos derretimos todos. Es un lento que no tiene nada que envidiar a los célebres romanticones, todo lo contrario. Tiene los ingredientes justos para tentar a cualquiera a escribirle a un ex al grito de “Te perdono, volvamos”.

UN FINAL NO DESEADO

Llegó la hora de los clásicos que jamás pasan de moda. Jennifer del Estero marcó el inició de un viaje a los noventa, cuando los IKV usaban trenzas largas y remeras extravagantes.
Tampoco se quedó atrás Coolo (A mover el culo). En un segundo, todos sacudían hasta abajo, tal como lo indica la canción, casi como cumpliendo con un instructivo, sólo que con ganas de hacerlo.
Y dieron en la tecla con Abarajame. Hay temas con letras copadas y este. Es inexplicable como todos adoptaron la actitud “hip hopera”, agitando los brazos de arriba para bajo y de abajo para arriba. Juro que esta melodía te hace sentir un/a gánster.
De esta manera, de a poco, sin darnos cuenta, los IKV anunciaban la retirada que nadie deseaba.

Para terminar, IKV, les quiero decir algo y no quiero que lo tomen a mal: nunca fui su fan. Pero lograron hipnotizarme en un show que dio más de lo que prometían. Todo fue logrado: las luces, la ropa, los músicos, la actitud. Definitivamente ya no son los niños de los años noventa. Se han convertido en hombres que volcaron todo su crecimiento a la música. Gracias por eso. Y un último pedido: cuando vuelvan (que espero sea pronto), no se olviden del sombrero rojo y los pantalones de cuero.

Cobertura realizada por Florencia Lanter, fotografias Natalia Cybuch para www.delaviejaescuela.com

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